Trabajar en la era del caos

Actualizado: 23 ago

Nota publicada en Ámbito

06 Mayo 2022


La velocidad de las comunicaciones, las innovaciones tecnológicas sin precedentes y la complejidad en la gestión de personas de distintas generaciones y culturas requieren de metodologías cada vez más ágiles y organizaciones cada vez más flexibles.


Vivimos en un contexto de cambio, y en el 2020 la pandemia vino para recordárnoslo. La velocidad de las comunicaciones, las innovaciones tecnológicas sin precedentes y la complejidad en la gestión de personas de distintas generaciones y culturas requieren de metodologías cada vez más ágiles y organizaciones cada vez más flexibles.


La transformación cultural que atravesamos es propia de un contexto más veloz, que requiere que desarrollemos herramientas para adaptarnos al cambio constante y ser flexibles, aún cuando la incertidumbre es la norma. En este marco, ¿cómo podremos gestionar una carrera laboral?


Como sabemos, los planes estratégicos de una carrera laboral de quince años dentro de una misma empresa ya no se sostienen. El futuro se construye día a día y el cambio es inevitable. Esta evolución y transformación de la que hablamos atraviesa a las compañías y a sus colaboradores. En este sentido, es importante la generación de espacios de desarrollo, en donde se alinee el propósito de los trabajadores con el de la organización, para conseguir co-crear el futuro entre ambas partes.


Para describir este contexto particular, es común hablar de VUCA (volátil, incierto, complejo, ambiguo). Esta expresión nació en la década de los 90 en el seno del ejército de Estados Unidos como respuesta al colapso de la Unión Soviética, y se utilizó para describir a las empresas que se vieron obligadas a adaptarse a los cambios externos que modificaron su planificación estratégica. Sin embargo, el concepto VUCA parece ya no alcanzar para dar cuenta del hiperveloz y complejo mundo actual y se impone una nueva definición: BANI. BANI es el acrónimo de Brittle (quebradizo), Anxious (que genera ansiedad), Non-linear (no lineal), Incomprehensible (incomprensible), lo cual describe de manera más exacta el contexto en el que estamos inmersos en la actualidad. Una actualidad que bien podría denominarse como una “era del caos”.

En este sentido, la cultura colaborativa es una característica de este mundo incierto, donde no tenemos todas las respuestas ni podemos planificar. Es en este marco que la forma de empezar a estar preparado para este contexto está vinculada con la colaboración. Elaborar un ecosistema de partners, colegas, socios, contactos profesionales nos permitirá mitigar los imprevistos de la cotidianeidad; resolver entre varios lo que antes resolvía una sola cabeza jerárquica.


Diseñar el propio futuro


Ante este contexto, quienes trabajamos en temas vinculados a la gestión de talentos nos preguntamos: ¿Cómo impactan esta transformación profunda en los roles de los colaboradores? ¿Qué podemos hacer para enfrentar este contexto y adaptarnos al cambio? Desde nuestra perspectiva, la clave está endiseñar el futuro y tomar riesgos. Independientemente de la organización en la que nos encontremos y el recorrido que hayamos transitado, necesitamos apropiarnos del desarrollo de carrera y alinear nuestro propósito con el futuro que deseamos. Existen desafíos comunes que nos interpelan a todos y nos hacen cuestionarnos cómo trabajar mejor en equipo y cómo hacerlo desde el talento de cada uno. Los valores de la nueva cultura colaborativa, escuchar y ser escuchado, cuestionar, desarrollarse, proponer y tomar riesgos son tendencias propias del mundo laboral de hoy. Cuanto antes los adoptemos, mejor preparados estaremos para afrontar las situaciones de cambio.

En general, las organizaciones están trabajando en una transformación hacia culturas cada vez más colaborativas, en las que se promueva un ecosistema que habilita estos comportamientos y actitudes. Como colaboradores y miembros de una organización, debemos empoderarnos y tener presente que en una cultura que no castiga el error. Hay que saber fallar, porque es parte de la experimentación necesaria y propia de un contexto de incertidumbre.


¿Cuáles son los pasos a seguir para empezar a diseñar nuestro futuro y tomar riesgos?

  • Avanzar en el autoconocimiento: conocer nuestro propósito, permitirnos espacios y momentos de reflexión para indagar acerca de lo que queremos, hacia dónde queremos ir y qué necesitamos para lograrlo. Y clarificar cuáles son nuestros valores e intereses.

  • Observar nuestro ecosistema: preguntarse ¿la organización en la que nos encontramos, tiene lo que necesitamos para desarrollar nuestro talento y propósito? ¿Podemos generarlo?

  • Responder al ecosistema: recordar que siempre tenemos la oportunidad de corrernos del lugar que no contribuye a nuestro desarrollo y buscar otro ecosistema que nos ayude a potenciarnos. Muchas veces tenemos miedo a tomar riesgos, tememos ser desplazados o volvernos obsoletos. Otras veces, culpamos al líder o al contexto que no nos habilita los espacios que necesitamos. Nada de esto colabora con nuestro desarrollo. Por lo tanto, es fundamental avanzar en el autoconocimiento e identificar si el ecosistema en que nos encontramos es el adecuado para nosotros. Si no es así, deberemos cambiarlo. En esto radica el empoderamiento final, que nos permitirá ser protagonistas de nuestro futuro.

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